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San Pablo

 

En la singular Plaza del Mercado se encuentra situada esta iglesia, la segunda en antigüedad entre las Parroquias de Úbeda.

Es muy posible, a pesar del desconocimiento de datos, que ya se encontrase levantada en época visigoda. Con la conquista musulmana fue convertida en mezquita para, más tarde, tras la reconquista de la Ciudad por Fernando III (1234), volver a dedicarse al culto cristiano.

De su antigua fábrica han quedado escasos vestigios, ya que en 1368, a consecuencia de las luchas entre el Rey Don Pedro I, legítimo soberano de Castilla y el pretendiente al trono Don Enrique, hermano bastardo del Monarca, fue incendiada y destruida, casi en su totalidad, por don Pedro Gil, caballero leal a Don Pedro, pues Úbeda apoyaba al bastardo, quien a la hora de la victoria supo ser generoso ayudándola a reconstruir sus templos y concediéndole numerosos privilegios.

La mayor parte de la fábrica actual, de rica sillería, se debe a la reconstrucción llevada a cabo tras la terminación de la guerra civil aludida; no obstante, las constantes renovaciones posteriores nos ofrecen un templo que, en su conjunto, no presenta un carácter estilístico uniforme, ya que reúne, prácticamente, todos los estilos que han pasado por la Ciudad, desde el románico tardío o protogótico, hasta el barroco.

Tres puertas dan ingreso al templo, siendo la más antigua la que se abre a poniente, la llamada «Puerta de los Carpinteros», construida en el siglo XIII, y formada por un cuerpo saliente cuya mitad inferior la constituyen dos series superpuestas de arquillos trilobulados, sobre las que se descargan arcos concéntricos abocinados, decorados con cabezas y clavos, que por ser desmesuradamente abiertos y escasamente apuntados, nos hablan de un románico de transición o protogótico.

A la puerta de poniente le sigue en antigüedad la Puerta Norte, mandada contruir en 1485 por el Obispo Osorio y reformada hacia los años 1523-37, por deseo del entonces rector de la diócesis el santistebeño Cardenal Don Esteban Gabriel Medina, cuyo escudo de armas campea encima de la misma. A pesar de las fechas avanzadas, tanto de su construcción como de su reforma, ofrece una gran simplicidad, apreciándose tan sólo la evolución del estilo gótico en el marcado apuntamiento de sus abocinados arcos, lejanos sin embargo, de los originales carpanel y conopial típicos del estilo en esos momentos.

En la fachada que se orienta hacia la Plaza del Mercado se abre la puerta principal o Puerta Sur, levantada en 1520-22 por orden del Obispo Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, cuyo escudo
de armas la preside. El arco conopial que enmarca el resto de los apuntados que la conforman, nos conduce hacia un gótico tardío, y entre ellos se observa una decoración a base de motivos vegetales y figuras de ángel. Su tímpano se halla ornamentado por la figura de la Virgen sostenida y adorada por ángeles y serafines y coronado todo con la del Padre Eterno. Bajo el tímpano un parteluz, en el que aparece la figura de San Pablo bajo doselete, divide la puerta en dos vanos coronados por arcos trilobulados.

Flanqueando todo el conjunto se observan pequeños pináculos que se unen en su parte superior por una exquisita crestería. A ambos lados de las líneas de pináculos, doble arquería ciega a base de arcos conopiales.

A la izquierda de la Puerta Sur se construyó hacia 1600 un cuerpo con detalles platerescos conocido popularmente como «el tabladillo» desde donde se leían las disposiciones oficiales y eclesiásticas ante el pueblo. A finales del siglo XVII se labró sobre «el tabladillo» un balcón, desde el que presenciaban las autoridades las corridas de toros que se celebraban en la plaza.

La fisonomía externa del edificio se completa con la fachada oriental, en la que se contempla la parte exterior del ábside, obra gótica de 1380, modificado en su parte superior en el siglo XVII; un postigo de acceso a la Antigua Sacristía, abierto en 1603, en tiempos del Obispo de la Diócesis Don Sancho Dávila, encima del cual se puso el escudo de armas del prelado; una fuente de carácter plateresco concluida en 1559, en pleno renacimiento, ornamentada con pilastras jónicas y los escudos heráldicos de los Austrias, de la Ciudad y de los Porcel; y una torre también plateresca, octogonal, coronada por ancho friso de grutescos y saliente cornisa, obra de Don Antonio Santero, por encargo del Cardenal Merino, cuyo escudo heráldico aparece en la misma, concluida en 1537.

La iglesia, desde su fundación, debió de tener tres naves, como en la actualidad; la central más elevada que las laterales, de las cuales se halla separada por arcos apuntados que descansan sobre pilares cuadrangulares, a los que se adosan gruesas columnas, acompañadas de otras más esbeltas y delgadas en los correspondientes a la nave de crucero. Esta se cubre con simples pero apreciables bóvedas de crucería gótica, mientras que la nave central y las laterales, por el contrario, han sufrido diversas transformaciones a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, que han hecho que sus primitivas cubiertas de madera presenten en la actualidad una fisonomía diferente:

Bóveda de cañón con lunetos, adornados con pequeños rosetones en la central, sucesivas bóvedas vaídas con adornos vegetales en estuco en la lateral izquierda e igualmente, pero sin adornos, en la lateral derecha.

El ábside, cuyo acceso se encuentra presidido por un bello rosetón, aunque construido en 1380, ha conocido posteriormente restauraciones, ofreciendo actualmente una sencilla bóveda de crucería, así como una triple tracería ciega al fondo y una simple tracería, igualmente ciega en su lateral derecho, que rompe su austeridad.

El templo dispone de diversas capillas y altares, todos ellos apreciables y algunos de acusado interés.

En la parte frontal de la nave lateral izquierda, junto al ábside, lo que antiguamente fue Altar de San José sirve hoy como vano de acceso al despacho parroquial (antigua Sacristía), manteniendo su riqueza ornamental a base de arcos conopiales enmarcados por pequeños pináculos.

A continuación, pero ya en la lateral izquierda de la misma nave, se abre la Capilla de la Encarnación, más conocida bajo el nombre de «Capilla de los Sanmartínes», que se cubre mediante bóveda de crucería simple, decorada con frescos dedicados a los cuatro Evangelistas. Su fundación se debe al caballero Ruy Pérez de San Martín, quien la mandó levantar, a principios del siglo XV, con el deseo de que sirviera de lugar de enterramiento para él y sus sucesores, uno de los cuales, el Comendador Don Juan de Monsalve y San Martín, muerto en el siglo XVI,, fue enterrado en ella, dedicándosele un sepulcro en el que aún subsiste esculpida su figura yacente con armadura, el cual forma una especie de mesa de altar en el que se desarrolla señalada ornamentación plateresca. La Capilla alberga otro altar de corte más sencillo bajo arco apuntado simple decorado con cardinas; y se cierra con bella verja plateresca.

Inmediata a la anterior se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, aunque su nombre más difundido es el de «Capilla de los Merlines», fundada por Don Diego Merlín a mediados del siglo XV. Se cubre con una magnífica bóveda de terceletes y posee un extraordinario altar bajo arcos conopiales decorados con cardina, flanqueados por pináculos y rematados por saliente florón. Se cierra con valiosa verja de carácter plateresco.

A continuación, junto a la Puerta Norte, se encuentra la Capilla de San Miguel dependiente en 1628 de Don Antonio Molina y Valencia, por lo que se llegó a conocer por el nombre de «Capilla de los Molinas». Se cubre con destacada bóveda de terceletes, existiendo en ella un rico altar, al fondo, bajo arcos conopiales adornados con cardina, enmarcados por pináculos y coronados por esbelto florón; y otro muy sencillo en el lateral derecho, bajo arcos apuntados.

Seguidamente se puede observar la antigua Capilla de San Antonio, propiedad en 1611 de Don Luis de Sandoval, lo cual hizo que se denominase también «Capilla de los Sandovales». En la, actualidad, dado que alberga una venerada talla del Cristo de la Humildad, obra del escultor Amadeo Ruiz Olmos, es esa imagen la que le da nombre. Se caracteriza por su acusada sencillez, cubriéndose con bóveda de crucería simple.

Finalmente, en el lado opuesto a la antigua Sacristía, junto a la Puerta de los Carpinteros, aparece el que fue Altar de Jesús Nazareno, levantado en 1580 por Don Juan Molina de la Castellana. Lo forman arcos carpanales adornados con cardinas, sobre los que se superpone uno conopial con idéntica ornamentación, quedando flanqueado todo ello por pináculos que en su parte superior se unen mediante buena crestería. En la parte frontal de la nave lateral derecha, junto al ábside, un sencillo arco apuntado ciego cubre la entrada de la antigua Capilla de los Mercados, hoy transformada en Sacristía.

Seguidamente, pero ya en el lateral derecho de la misma nave, se halla la Capilla de las Mercedes, la más histórica y más antigua fundación y a la vez una de las más bellas del templo. En ella se guardaba el archivo de la iglesia, así como el de la Universidad de Priores y Beneficiados y el de la Nobleza de Úbeda, hasta su destrucción en 1368. En su forma actual es una expresión genuina del estilo Isabel.

Se abre mediante arcos apuntados, adornados con cardinas y figuras animales y humanas, y encima riquísima ornamentación geométrica que ostenta el escudo de la Ciudad y figura de dudosa interpretación, todo ello enmarcado por pináculos y coronado por bellísima crestería.

A continuación se puede apreciar la Capilla de San Cayetano, fundada en la primera mitad del siglo XVI, posiblemente por Doña Ana Hernández. Se cubre con bonita bóveda de terceletes y se accede a la misma a través de arcos carpaneles adornados con cardina, rematados por arco conopial con igual adorno ocupando los laterales sencillos pináculos.

Inmediata a la anterior, se puede observar la Capilla del Camarero Vago, llamada vulgarmente «Capilla de las Calaveras», por las que adornan su fachada. Su fundación data de la primera mitad del siglo XVI, debiéndose la misma a Don Francisco Vago, camarero del Obispo Don Alfonso Suárez de la Fuente del Sauce. Constituye posiblemente una de las primeras obras ubetenses de Andrés de Vandelvira. Se cubre con bóveda de terceletes y en su interior destacan los relieves del sepulcro del fundador y del frontal del altar. Su exterior ofrece abundantes motivos platerescos, cerrándose mediante una bella verja, también de carácter plateresco, obra del rejero ubetense Alvarez de Molina.

Posteriormente, y tras dejar atrás la Puerta Principal, aparece la Capilla de San Ildefonso, fundada entre 1600 y 1619, por don Luis de la Torre, sus hermanos y su mujer. Se cubre con bóveda vaída, y en ella aparece un altar renacentista de aceptable interés. Una verja de acusada sencillez le separa del templo.

Por último, y para terminar nuestro recorrido por el interior de la iglesia, digamos que junto a la Capilla de San Ildefonso y al lado de la Puerta de los Carpinteros se encuentra la Pila Bautismal y la subida al actual coro, sustentado por columnas toscanas y semibóveda con casetones de matiz renacentista.

Fuente: RAFAEL MONTILLA OSUNA (De la Campaña «CONOCE TU CIUDAD»). Úbeda Guía Histórico Artística de la Ciudad. Excmo. Ayuntamiento de Úbeda, 1985

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